Mostrando entradas con la etiqueta Paul Auster. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Auster. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de abril de 2011

EL SÍNDROME DE MURAKAMI


Murakami comienza a dar signos de sufrir el llamado síndrome de Auster, enfermedad económico-narcisista que despierta en los autores que la sufren la irrefrenable necesidad de entregar a sus lectores el mayor número de obras posible en un solo año. Es un síndrome terrible para el lector, quien no da abasto ante tanta narrativa, y mucho peor resulta para el escritor, puesto que esa abundancia autoimpuesta acostumbra a terminar en un maquiavélico todo vale. Y es así, todo vale. Novelas excelentes (una cada tres o cuatro años), novelas aburridas, novelas repetidas (la mayoría), obritas de teatro, guiones maltrechos de películas insufribles, novelas convertidas en cómic o libros que hablan sobre lo que uno quiere decir cuando habla de correr.
Hace unos meses Murakami nos ha sorprendido a todos con una auténtica machada, digna de todo un corredor de maratón como él. Ha publicado, instantáneamente, los dos primeros libros de una trilogía (Tusquets los ha editado en único tomo) y antes de que finalice el 2011 nos dejará leer el último libro de 1Q84. Puede que para el 2012 se atreva con una tetralogía o con la enciclopedia Larousse. Quién sabe. Supongo que la historia desarrollada en 1Q84 la tenía en mente desde hace años y la ha ido desarrollando lentamente al tiempo que se dedicaba a otras novelas y a otras carreras. Ninguna novela surge de la nada ni se crea después de un momento mágico de inspiración, incluso cuando alguien escribe una novela en una semana o una trilogía en un año, el proceso creativo viene de lejos, probablemente hace años que la idea da vueltas en la cabeza del escritor. Sin embargo, existe un pequeño riesgo cuando se tiene ese glotón síndrome Auster: uno puede olvidar que está escribiendo y aparecen las interconexiones extrañas entre la novela publicada en febrero y la siguiente, de temática completamente distinta, que aparecerá en octubre. Yo espero que en la trilogía 1Q84 no aparezcan adolescentes fanáticos del onanismo (eso es una obviedad, señor Murakami), ni chicas recatadas que esconden una fogosidad voraz y, sobre todo, que no se le cuelen más gatos que hablan para no decir nada.
Y me gusta Murakami, de verdad.

miércoles, 16 de marzo de 2011

NOCILLA REMAKE

Me gusta la nocilla. Devoro los botes de nocilla. También me gustó la experiencia Nocilla de Agustín Fernández Mallo. Recuerdo con agrado el primer libro de esa trilogía de merienda: Nocilla Dream. Me atraparon las breves historias en apariencia inconexas, las descripciones poéticas, la plasmación de esas paradojas imperceptibles que nos rodean constantemente. También me gusta su poesía científico-existencialista con versos sartrerianos y a la vez eisnteinianos, versos del tipo: [como la ecuación x=y sin solución, o el beso]. Poesía pospoética la llama él y como todo artista que se precie elaboró una sesuda teoría que sustentara su posición lírica, recogida en: Postpoesía, hacia un nuevo paradigma; libro con el que quedó finalista del Premio de Ensayo Anagrama. Hace unos días Alfaguara ha publicado su última novela: El hacedor (de Borges), Remake. Me choca la palabra Remake en el título, influencias del mundo cinematográfico, supongo. Sin embargo, desde Homero, según dicen, todo es remake en esto de escribir. No creo que sea necesario indicarlo. Es una obviedad. Salvo que opte por la postura defendida por Atxaga en Obabakoak cuando habla del método para plagiar, según el cual la manera más efectiva de perpetrar un plagio es hacerlo de forma ostensible y así, si te acusan de copista, siempre te quedará la defensa de un pretendido homenaje al escritor admirado. El hacedor (de Borges), Remake; lo deja claro desde la portada. Es un plagio, sí, pero avisado; puede alegar Fernández Mallo. Sin embargo, no es un plagio. No al menos del primer autor de El hacedor (versión original, habrá que decir ahora). Es un plagio de sí mismo, vicio frecuente también en esto de la escritura. Primero se plagia a Homero o a otro cualquiera que haya plagiado a Homero, después simplemente se plagia el propio plagio (Auster es un digno representante de dicha modalidad). Esto es lo que hace en esta nueva entrega, que yo incluiría dentro de la saga Nocilla, Agustín Fernández Mallo. Claro, que el universo de Borges le viene como anillo al dedo, pero no es más que una excusa. Una excusa válida, desde luego, para continuar relatando esas historias breves, paradójicas y deliciosas que nos ha venido contando hasta ahora, esas historias nocilla, cuentos de merienda; para chuparse los dedos. A mí me gustan, me gustan mucho, las devoro, aunque creo que no le vendría mal hacer un nuevo viaje a esas tierras lejanas de Tailandia y quedarse quince días en la terraza del hotel (con la cadera sana, desde luego), quizá así concluya el ciclo de los dreams, los projects y las experiences y nos sorprenda con otros remakes. Mientras tanto, continuaré disfrutando de estas rebanadas de nocilla.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

MÁS AUSTER


Paul Auster tiene cara de cansado, tiene esa mirada de quien se siente sobrepasado por las circunstancias propias y ajenas. No me extraña. Escribe por lo menos un libro al año, más guiones cinematográficos o la dirección de sus propias películas, más algunas incursiones en el teatro, más diversos ensayos, más varias colaboraciones periodísticas, más entrevistas y promociones, más su propia vida, la vida cuando no es escritor. Creo que Paul Auster tiene un exceso de trabajo, de necesidad (no sé si comercial) de darnos a los lectores algo nuevo cada pocos meses. El próximo día uno de diciembre Anagrama llevará a las librerías la última novela; Invisible. La novela cuenta la historia de un joven poeta al que la curiosidad vital le llevará por tortuosos caminos donde encontrará ilusiones, peligros y, supongo, que decepciones. Me suena. Desde hace años todo lo de Auster me suena a ya leído. Escribe sobre el hecho de escribir, sobre el escritor (casi siempre adivinamos que es él mismo) que escribe o que quiere escribir o que no sabe que escribir, sobre la vida que se cruza en el camino y produce la necesidad de contarla, sobre la ausencia de tener algo que escribir. Escribe lo que se escribe cuando no se sabe que escribir y claro, se cansa, y tiene esa cara de desesperado, de escritor con miedo a la página en blanco… Quizá debería de darse un descanso, no sé, de tres o cuatro años, quizá debería de vivir una vida menos de escritor, más íntima, ajena al mundo editorial, ajena a los compromisos comerciales, quizá eso le cambié el gesto cansado y hastiado y pasado un tiempo, nos sorprenda nuevamente. No digo que no me guste Paul Auster. Me encanta Paul Auster. Disfruté con Leviatan, disfruté mucho. Y le sigo leyendo, leo cada cosa que publica, le leo siempre; en el metro.