He pasado por Astorga y he paseado por la casa de los
Panero. Es una casa triste, una casa con resaca, con demasiados litros de
alcohol derramados en sus tabiques. La esperaba en blanco y negro, como en la
película de Chávarri y pensé que en el patio me encontraría con Felicidad, ella
también en blanco y negro, y fumando al lado de Juan Luis, de Michi y de Leopoldo
María; todos fumando, hasta la estatua a la que taparon por fea fumaría. Eso es
lo que yo esperaba, porque había visto la película, claro. Pero de aquello ya
no queda nada. No, la casa es más que nunca ese agujero llamado Nevermore del
que nos ha hablado a menudo Leopoldo María, un Nevermore profundo, desolado y
con innumerables ecos psicóticos. Dicen que ahora quieren reabrir la casa, la
casa de los Panero, para quitarle la resaca anquilosada y convertirla en un
museo más de esos que tanto abundan. Un museo, de qué. Un museo, para qué. Y el
precursor de la brillante idea, abstemio él, asegura que Leopoldo (el
patriarca) puede que fuera un mal padre, pero fue un hombre de palabra, un hombre de honor.
Así se jusifican las grandezas, está claro, al menos así la justifica el
comedor de mantecados este, con su voz de castellano viejo, más preocupado por
la honra que por el legado que un padre deja a sus hijos. Y luego añade que
Leopoldo (el patriarca) tampoco fue fascista. Entonces, qué fue. Franquista,
será eso. Pues nada, que reabran la casa y que aprovechen el tirón de Gaudí
para seguir engañando a los turistas, al menos los mantecados están ricos, muy
ricos.
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domingo, 6 de mayo de 2012
viernes, 7 de mayo de 2010
DOS EN EL ESCENARIO
En el Festival SOS de Murcia, celebrado el pasado fin de semana, aparecieron compartiendo escenario junto a Madness, Franz Ferdinand o Los Planetas dos tipejos estrafalarios, excéntricos e inadaptados: Fernando Arrabal y Michel Houellebecq. No son rockeros, pero podrían haberlo sido. Arrabal es divertido, surrealista, pánico, patafísico, amoral y transgresor. Su principio fundamental es ir en contra de todos los principios y de toda moral establecida, además es un exhibicionista cultural y físico; Arrabal es un digno representante del punk. Apareció en el escenario montado en un trono y llevado en procesión como si de un santo, una virgen o un hijo de Dios se tratara. Nada que envidiar a los montajes escénicos de Alice Cooper (ya sé que Alice Cooper no es punk, pero Arrabal sí). Su amigo, Michel Houellebecq, es menos histriónico, más calladito, más introvertido, pero mucho más demoledor. Su sonrisa ingenua o cínica (nunca he sabido si fuerza o no la mueca) encierra una mala leche incontenible, un impulso irresistible por despedazar a todo lo que le rodea, principalmente su propio reflejo. Michel Houellebecq encarna a ese rockero oscuro con tendencia a la autodestrucción, a lo Jim Morrison, a lo Nick Cave o a lo Lou Reed de The Raven.
Esta iniciativa del Festival SOS de Murcia podrían imitarla otros festivales de los muchos que proliferan con el buen tiempo por toda la geografía española. Me parece estimulante que los lazos existentes entre las diferentes representaciones artísticas tengan continuidad en actos tan multitudinarios como son los festivales de música. Organizadores del Azkena, ¿por qué no incluís en el cartel de este año a Panero o a Welsh?
Esta iniciativa del Festival SOS de Murcia podrían imitarla otros festivales de los muchos que proliferan con el buen tiempo por toda la geografía española. Me parece estimulante que los lazos existentes entre las diferentes representaciones artísticas tengan continuidad en actos tan multitudinarios como son los festivales de música. Organizadores del Azkena, ¿por qué no incluís en el cartel de este año a Panero o a Welsh?
martes, 10 de noviembre de 2009
PROHIBIDOS LOS SUEÑOS

Leopoldo María Panero, Panero el Loco, Panero el Bueno (para mí), nos mira desde el otro lado de la ventana con ojos desconcertados y turbados. Uno observa la imagen y parece que puede estar encerrado, retenido en alguno de los muchos sanatorios mentales por los que ha deambulado a lo largo de su vida, sin embargo, es al contrario, somos nosotros, los observadores de su locura, los que estamos encerrados en nuestra realidad ficticia, asfixiándonos sin darnos cuenta, dejando que nos mutilen. Esta semana en el suplemento BABELIA de EL PAÍS Mariano de Santa Ana rescata a este loco-cuerdo relatando un breve encuentro en Las Palmas de Gran Canaria donde, por lo visto, parece que vive o sobrevive actualmente el hijo de aquel poeta franquista del que ha heredado el nombre y el apellido. Panero le suelta a De Santa Ana frases como; "en los manicomios está perseguido el ocultismo porque está prohibido el sueño". Me alegra saber que sigue bien Panero el Bueno, que continua con su visión crítica de una realidad que a los mentalmente sanos se nos escapa. Me alegra saber que sigue buscando su Nevermore y que sea así por muchos años, que resista y que nos regale pronto alguno de sus devastadores libros de poemas, que siga soñando, por mucho que prohíban los sueños en los manicomios y en el resto de la sociedad.
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