Unai Elorriaga escribe a su manera. Escribe en euskera, aunque eso no influye en su manera de escribir, en su lenguaje sinestésico, en su prosa lírica ni en sus neurosis gramaticales. Hay quien le considera empalagoso o absurdo o, mayoritariamente, raro. A mí me gusta. Desde que leí Un tranvía en SP me gusta. Alfaguara acaba de publicar, traducida, su cuarta novela; Londres es de cartón. En esta novela Elorriaga habla de las dictaduras, de la clandestinidad, de la represión, de las torturas, de las enfermedades mentales, de (eso que tanto asusta a algunos) la recuperación de la memoria, la necesidad de saber qué pasó. No habla de ningún régimen en particular ni de ninguna zona geográfica concreta, pero no importa porque como se dice en la novela: Igual que Videla, igual que Mengele, igual que Pol Pot, igual que las familias reales, igual que Ceauçescu. Siempre es lo mismo… El funcionamiento de los regímenes totalitarios es siempre igual. Elorriaga dice que para tratar este tema tan áspero, tan duro, tan ajeno a sus anteriores novelas, ha tenido que cambiar de estilo, de manera de contar las cosas. Lo habrá intentado, no lo pongo en duda, sin embargo no puede. Unai Elorriaga no puede escapar a su manera de contar las cosas, a esa prosa empalagosa para algunos, neurótica para otros y extraña cuando menos. Yo me alegro de que sea así, me alegro de continuar leyendo sus novelas sentado en el tejado, con dos manzanas asadas.
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jueves, 25 de febrero de 2010
domingo, 18 de octubre de 2009
DOS MUJERES Y UN VASCO

Parece el inicio de un chiste; van dos mujeres y un vasco… También parece la descripción de una escena surrealista; dos mujeres, recalco el número dos, y un vasco… Si ya casi nos resulta imposible conseguir estar con una… No creo que nunca un vasco haya conseguido la fantasía por antonomasia del macho alfa universal; un trío. Si algún vasco lo ha conseguido es porque nos es del todo vasco, desde el punto de vista araniano, claro. Sin embargo, no se trata de nada de eso. Dos mujeres y un vasco han sido premiados, cada cual con un premio diferente, en los últimos días.
La primera mujer se llama Herta Müller y le han dado el premio de la dinamita. Ella dice que es rumana y los rumanos dicen que es rumana, Ceausescu decía que era rumana si colaboraba con su régimen y ella no quiso. Ella dice que es rumana, pero su nombre suena a alemán por los cuatro costados, escribe en alemán y vive en Alemania. ¿Un escritor es de donde nace o es de donde es la lengua que utiliza para expresarse? No lo tengo nada claro. No he leído nada de Herta Müller, pero pienso hacerlo. No es que el nobel sea una garantía de nada, sin embargo el rostro a lo Cruella de Vil que tiene la germano-rumana me llama la atención. Siempre me cayó simpática Cruella.
La segunda mujer se llama Ángeles Caso y le han dado el premio planetario del que ya fue finalista hace unos años. Sí he leído algo de ella (El peso de las sombras), aunque no todo. Supongo que no leeré este último título de ella, me da pereza, me da pavor, me da… Ya va a tener lectores suficientes, así que no creo que eche en falta ni mi lectura ni la compra por mi parte de su libro. Por cierto, el protagonismo se lo robó Gimferrer en el festejo del premio, el premio como tal se decide meses antes, cuando le encargan al autor de turno que presente un manuscrito. ¿Qué le pasó exactamente a Gimferrer? ¿Se mordió la lengua para no montar el follón que montó hace unos años Juan Marsé y cayó víctima de su propio veneno?
El vasco es de mi quinta y bien podría ser un colega de la cuadrilla de toda la vida. No lo conozco, no lo he leído, pero sin duda lo haré. Bilbao-New York-Bilbao… Estos de Bilbao ya han ampliado el metro (llamado kilometro) hasta Manhattan, así son ellos. En un artículo del País del jueves 15 de este mes se recordaba que antes de Kirmen Uribe han ganado el premio Nacional de Narrativa con una novela escrita en euskera el maestro Atxaga y Unai Elorriaga. Los precedentes son excelentes. Si Uribe se acerca a estos dos autores merecerá la pena leer su libro.
Con premios o sin premios, sea cual sea la elección que tomemos, el libro que decidamos abrir y leer, como dice la viñeta de Forges, siempre nos puede salvar de la permanente estupidez.
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