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lunes, 21 de noviembre de 2011

EL CUENTO SE ENSANCHA


Erase una vez un país en el que a pesar de la abundancia de cuentistas el cuento no existía, o no se publicaba, o no se leía, o se menospreciaba. Un país que siempre ha considerado al cuento como un género menor y a su creación como un acto enmascarado de pereza o de cobardía o de inmadurez. Vamos, un país que haciendo oídos sordos a sus propios refranes y proverbios (si breve dos veces bueno) prefería los mamotretos interminables y agotadores a las concisas pinceladas literarias. Un país que había olvidado su propia tradición literaria de lo breve, remontémonos al Conde Lucanor, y en el que se aseguraba, desde el marketing editorial, que no había lectores para tan minúsculo género, que aquello, esas cositas, podían funcionar en otras latitudes, pero no en la vetusta España. Sin embargo, en esto de la literatura, como en el resto de las cosas, todo es cíclico y lo que hoy obtiene el favor de los lectores, me refiero al favor monetario, a las ventas, mañana cae en el ostracismo más injusto, y al contrario, lo que ahora es invisible, marginal, puede convertirse en poco tiempo en el top ten de ventas. Esto es lo que está sucediendo últimamente con el cuento en España. Tras la labor, casi diría la fe, el empeño, de algunas editoriales que llevan años apostando por el cuento (Páginas de espuma) y luchando por hacerse un hueco en el mercado editorial, las grandes, enormes, editoriales hacen sus cuentas, calculan sus porcentajes y comienzan a ver la posibilidad  que puede tener dicho género, su rentabilidad. Habrá quien considere este hecho otra muestra más de la miseria y sordidez de eso que últimamente llamamos los mercados, un ejemplo más del eslogan capitalista: vales tanto como puedas vender. Habrá otros a los que nos importará una mierda lo que venda o no venda y simplemente nos gustará la literatura de calidad, breve o extensa, larga o corta. En cualquier caso, es de agradecer que las grandes, enormes, editoriales,  siempre voraces, hagan su apuesta por el cuento y en las últimas semanas podamos disfrutar de algunos títulos como: Las fuentes del Nilo (Alfaguara), de Gonzalo Suárez, Nada del otro mundo (Seix Barral), de Antonio Muñoz Molina o Lo más extraño (Alfaguara) de Manuel Rivas.

viernes, 24 de septiembre de 2010

SI BREVE DOS VECES BUENO

En el último número  de Babelia, el del día 18, Antonio Muñoz Molina nos habla de esto de escribir. Le sirve de escusa su participación en la presentación del último ensayo del director de la RAE (sillón c) Victor García de la Concha: Cinco novelas en clave simbólica. En este acto Muñoz Molina coincidió con Vargas Llosa quien era arte y parte del ensayo del Dire al ser objeto de descuartizamiento su famosa novela La Casa Verde. Creo que a mí me impactó más Conversación en la Catedral o La guerra del fin del mundo, pero Muñoz Molina declara en el artículo la deuda personal con esa novela. La casualidad, o no, hace que estos días yo esté leyendo a la vez un curioso libro de Muñoz Molina titulado Pura alegría (Alfaguara, 2008) en el que se recogen diversos artículos y conferencias, incluido el discurso de ingreso en la Academia (el de Úbeda ocupa el sillón u), que son una declaración de principios literarios y una explicación concisa, hermosa y perfecta de lo que él entiende que es y debería de ser la literatura. Y para colmo de casualidades y coincidencias, de destinos y azares, o no, hoy mismo, día 24, aparece el resumen de una conversación de Muñoz Molina con el historiador Justo Serna, en el que destaca el titular: Lo que se difunde como la historia de España es la historia de la señorita Pepis. Me parece perfecta la frase, me parece insuperable Muñoz Molina cuando es conciso. Claro que al lado del artículo citado hay una entrada web donde se lee: Muñoz Molina narra el drama del exilio en mil páginas. Mil páginas, una tras otra, una, dos, tres, hasta llegar a mil… Más que una tesis doctoral… Y sin embargo, qué bien escribe cuando no supera las cuatrocientas o quinientas páginas, qué buenas, qué placer leer Beatus Ille o Plenilunio o este último descubrimiento por mi parte, Pura alegría, tan placenteras como ese bourbon que bebe Biralbo en El invierno en Lisboa, en pequeñas dosis; sensacional.