El escándalo es sin duda un activo editorial, pero no siempre lo es literario. Sirvan de ejemplo los últimos éxitos editoriales: las memorias de Bush, que han alcanzado más de un millón de ventas , y la entrevista con anticonceptivos de Benedicto XVI; dos libros que están arrasando en ventas y que sin duda se convertirán en las estrellas libreras de estas navidades. Otras veces la provocación es marca de la casa; me refiero a Houellebecq, quien ya nos ha acostumbrado a sus desplantes morales y su estilo hiriente, pero que tiene que valerse de sospechosas acusaciones de plagio, aunque el tiro le salga por la culata y el establisment cultural galo termine concediéndole el premio Goncourt (hecho que agradecerá su editorial mientras prepara la próxima provocación). En algunas ocasiones el escándalo es inherente a la obra misma y por mucho que se intente no se pude huir de él, como sucede con las memorias de Keith Richards, quien, aunque pretenda contar su vida de manera naif, no podrá evitar que nos asombremos ante sus hazañas autodestructivas, con una relativa envidia por su constante vida al borde del abismo. Sin embargo, hay escritores que no necesitan de estas artimañas para vender, ni siquiera necesitan vender para tener una calidad literaria extraordinaria. Escritores como Umberto Eco, quien acaba de presentar en Madrid su última novela: El cementerio de Praga (Lumen). Un libro que narra las vicisitudes de Simone Simonini, una especie de Julian Assange del siglo XIX, que va fabricando y vendiendo al mejor postor documentos comprometedores, tan escandalosos como falsos. Todavía no he podido leer esta última ficción de Eco y no sé qué turbulencias esconderán sus páginas para que algunos rabinos extremistas y los fundamentalistas católicos (léase el Vaticano) hayan reaccionado tan airadamente contra El cementerio de Praga. Umberto les agradece las críticas y asegura, risueño, que gracias a los obispos ha logrado vender miles de ejemplares más de los previstos. Espero poder leer pronto la novela y en ningún caso creo que me parezca tan inmoral como el libro en el que se fundamentan ambas religiones; ese sí, lleno de escándalo, ambigüedad y provocación.
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martes, 14 de diciembre de 2010
jueves, 28 de octubre de 2010
OTRO PLANETA PRODIGIOSO
Existe otra versión para el Premio.
Uno está en casa. Probablemente desayunando o haciendo la habitual absorción anal de dos litros de agua y recibes una llamada de teléfono. Vas a ganar Mi Premio, dice Dios. No desparramas el café ni las tostadas, no te inmutas porque tú ya lo has ganado todo, hasta la medallita sueca cuelga reluciente sobre tu abdomen. No tengo tiempo, le respondes a Dios. Sin embargo, el Todo Poderoso, es terco y no se va a dar por vencido fácilmente. Él quiere que ganes su Premio y tú vas a ganar su Premio. No te hace falta tiempo, advierte. No tengo ideas, sigues replicando. No te hacen falta ideas. Yo las tengo todas. Te avisa Dios, que para eso es Dios. Cuando Él quiere que ganes el Premio, tú, simple mortal, por mucho que hayas entrado en el Olimpo de los Nóbeles, lo ganas. Yo te doy el manuscrito, te explica Dios, tú sólo firma y los dos nos hacemos más ricos. Así, a veces, actúa Dios.
Coincidiendo con el fallo del Premio Planeta de este año el juzgado de instrucción número dos de Barcelona ha admitido a trámite una querella por un delito contra la propiedad intelectual cometido por la editorial Planeta. Según parece, la novela La cruz de San Andrés de Camilo José Cela tiene tantas similitudes con la obra Carmen, Carmela, Carmiña de María del Carmen Formoso que todo parece indicar que se trata de un caso de plagio. Ambas novelas se presentaron a la edición del Premio Planeta de 1994, con la diferencia de que en el caso de María del Carmen Formoso la presentó un mes antes que Cela. Sea o no cierto el caso, en cuanto a plagios, prefiero la, supuesta, opción de Houellebecq.
jueves, 30 de septiembre de 2010
LA POSIBILIDAD DE UN PLAGIO
Cretino, imbécil, misógino, maleducado, canalla, histriónico, provocador, paranoico, superficial, cínico, cabrón e hijo de puta (dicho por su propia madre), son algunos de los insultos que Michel Houellebecq lleva prendidos a su pechera con confesable y exhibicionista orgullo nihilista. Desde hace unas semanas le han añadido uno más a esa larga y exagerada lista de improperios: plagiador. Estoy convencido de que al bueno de Michel no le importan lo más mínimo las continuas críticas a su obra, a su biografía, a su persona-lidad, incluso a su pene. Me da a mí que no es de los que dedica las mañanas de los domingos a recortar las reseñas que sobre sus obras hacen en los suplementos editoriales, me da a mí que realmente se la trae al pairo todo o casi todo en esta vida, empezando por su propia obra, me da a mí que sus novelas no son más que una terapia, un diván de psicoanalista no sólo gratuito, sino que beneficioso y, claro está, más beneficioso cuanto peor hablen de él. Insultadme, insultadme más, que me pone, me excita, escupidme hasta que llegue al orgasmo y mientras dejad que mi cuenta corriente crezca y crezca. Con su última novela La Carte et le Territoire ya tiene el éxito asegurado. Un nuevo escándalo de este enfant (ya madurito) de la literatura francesa. Le han acusado de plagiar párrafos enteros de la Wikipedia, dicen que hasta el título está pinchado, cortado y pegado de la Wiki-wiki. Puede que sea cierto, puede que simplemente se trate de un truco editorial para vender más, puede que todo sea un mal entendido o que Houellebecq tenga un “negro” que haya querido vengarse de su sueldo miserable. Sin embargo, todavía no alcanzo a comprender que fundamento tiene acusar a nadie de plagiar a la Wiki, universo intelectual donde todo es anónimo y donde el noventa por ciento de lo publicado es a su vez un refrito de otras publicaciones no reseñadas. ¿Y si el autor anónimo del artículo de la Wikipedia fue el propio Houellebecq? ¿Estaríamos, entonces, ante un caso de auto plagio? No lo sé. De todas maneras, como los escándalos, cuando producen dinero, nunca vienen solos el escritor italiano Fabio Filipuzzi ha decidido copiar a Houellebecq y ha sido acusado por la editorial que le publicaba, en la que trabajaba como subdirector, de plagiar sus últimos (y creo que únicos) seis libros. Claro que el italiano, más refinado que el galo, no copiaba de la Wikipedia, sino a gente tan anónima como Peter Handke o Philip Roth.
viernes, 7 de mayo de 2010
DOS EN EL ESCENARIO
En el Festival SOS de Murcia, celebrado el pasado fin de semana, aparecieron compartiendo escenario junto a Madness, Franz Ferdinand o Los Planetas dos tipejos estrafalarios, excéntricos e inadaptados: Fernando Arrabal y Michel Houellebecq. No son rockeros, pero podrían haberlo sido. Arrabal es divertido, surrealista, pánico, patafísico, amoral y transgresor. Su principio fundamental es ir en contra de todos los principios y de toda moral establecida, además es un exhibicionista cultural y físico; Arrabal es un digno representante del punk. Apareció en el escenario montado en un trono y llevado en procesión como si de un santo, una virgen o un hijo de Dios se tratara. Nada que envidiar a los montajes escénicos de Alice Cooper (ya sé que Alice Cooper no es punk, pero Arrabal sí). Su amigo, Michel Houellebecq, es menos histriónico, más calladito, más introvertido, pero mucho más demoledor. Su sonrisa ingenua o cínica (nunca he sabido si fuerza o no la mueca) encierra una mala leche incontenible, un impulso irresistible por despedazar a todo lo que le rodea, principalmente su propio reflejo. Michel Houellebecq encarna a ese rockero oscuro con tendencia a la autodestrucción, a lo Jim Morrison, a lo Nick Cave o a lo Lou Reed de The Raven.
Esta iniciativa del Festival SOS de Murcia podrían imitarla otros festivales de los muchos que proliferan con el buen tiempo por toda la geografía española. Me parece estimulante que los lazos existentes entre las diferentes representaciones artísticas tengan continuidad en actos tan multitudinarios como son los festivales de música. Organizadores del Azkena, ¿por qué no incluís en el cartel de este año a Panero o a Welsh?
Esta iniciativa del Festival SOS de Murcia podrían imitarla otros festivales de los muchos que proliferan con el buen tiempo por toda la geografía española. Me parece estimulante que los lazos existentes entre las diferentes representaciones artísticas tengan continuidad en actos tan multitudinarios como son los festivales de música. Organizadores del Azkena, ¿por qué no incluís en el cartel de este año a Panero o a Welsh?
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