Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Mena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Mena. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de octubre de 2009

TERNURA


Me dejaron el libro de Miguel Mena en la calle del Calvario, junto con unas cervezas. Me avisaron: ten cuidado que duele. Lo llevé, precavido, por la calle del Amparo, por la del Oso, también por la del Carnero, atravesé Mira el río Alta y llegué a la calle del Humilladero que está al lado del callejón de los Irlandeses. Subí aproximadamente unos doscientos escalones hasta el tejado en el que vivo, me senté en la taza del váter y no me levanté hasta terminarlo. Lo ley de un tirón y en su lectura atravesé amparos y calvarios, vi osos y supongo que carneros. Leí historias breves, sorprendentes como las que contaría un grupo de irlandeses borrachos, me mojé en algún río, sonreí, lloré, me entristecí, me turbé, me asomé a un tejado y pensé en esas casualidades nada casuales que casualmente se cruzan en la vida de todos y nos entrecruzan a unos con otros. Lo leí todo de un tirón, incluidas las muchas y variadas fotos que tiene. No me dolió, porque las cosas buenas y buenas son siempre las cosas que salen de adentro, por muy oscuro que sea el adentro de cada cual, las cosas buenas, decía, no duelen, enternecen. El autor le llama a su libro Piedad, yo, el lector, le llamaría ternura, porque si algo tiene este libro es ternura, incluso cuando nos habla de la maldita ironía del destino casual; infinita ternura. Gracias, señor Mena, por el breve y profundo paseo por los pequeños detalles, las ínfimas casualidades inapreciables que de una u otra manera lo marcan todo. Y un abrazo sonoro al niño sin voz.