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miércoles, 3 de junio de 2009

PRIMERAS NOVELAS


Supongo que la mayoría de los que intentamos escribir conservamos, olvidada en algún cajón físico o mental, una primera novela de infancia. Novelas inspiradas en los libros con los que nos iniciamos en la lectura, novelas que provocan el orgullo y los aplausos familiares, ¡mirad al peque, ha escrito una novela!, novelas que quemaríamos, sin dudarlo, temiendo que alguien en años venideros llegue a descubrirla, nadie escapa a la vanidad de las suposiciones, novelas que indican el punto de inflexión señalando el momento en el que dejamos de ser meros lectores y comenzamos a convertirnos en monos miméticos.


Cuenta Umberto Eco que sus primeras novelas de infancia estaban inspiradas en las aventuras de Emilio Salgari. Dice que eran proyectos en los que nunca superaba las veinte o treinta páginas y que dedicaba más esfuerzo a la cuidadosa elaboración de la portada y de las ilustraciones interiores, intentando ser lo más fiel posible a las ediciones de las novelas de Salgari ilustradas por Amato, que a la historia en sí. La primera novela de la que yo tengo un recuerdo vivo y profundo es también una de Emilio Salgari: En la selva virgen, editada por la editorial Gahe, Madrid, 1975 e ilustrada por Luis Vigil. Mi primer intento de novela, con nueve o diez años, también estuvo inspirado por Emilio Salgari, aunque reconozco que nunca pretendí ilustrarlo. Recuerdo que cambié, trucos miméticos, la costa y selva brasileña que servían de escenario a la novela de Salgari por las orillas del río Misisipi, no quiero recordar nada más.

sábado, 23 de mayo de 2009

EL EXITO ANTES DE EMPEZAR


Hace unos días vi en Telemadrid la entrevista a un niño, creo recodar que tenía nueve o diez años, que acababa de escribir una novela, una historia fantástica de dragones. Hasta ahí nada anormal. El género fantástico y el de aventuras son los géneros literarios que desde siempre han cautivado a los más pequeños. Hoy en día triunfa Tolkien o Rowling, las lecturas de mi infancia fueron Salgari o Verne, no es cuestión de entrar en valoraciones literarias. Lo importante de estas primeras lecturas es la capacidad que tienen para despertar en el niño el espíritu creativo. Todos aquellos que sufrimos y disfrutamos del vicio del escribidor hemos sentido en algún momento de nuestra infancia, tras una lectura apasionada, la necesidad de crear y contar nuestras propias historias. Lo que me llamó la atención de esa entrevista emitida en el canal de Esperanza Aguirre fue que una editorial se decidiera a publicar esa primera novela o cuento del niño en cuestión y pretendiera darle un carácter excepcional además de la consiguiente promoción comercial. No tengo nada en contra de las técnicas mercantiles, no se trata de eso. Mi duda, mi lamento, es la manipulación que del pequeño estaban haciendo. Le han hecho sentirse especial y eso está bien, pero al mismo tiempo han creado en el niño unas expectativas que quizá no lleguen a cumplirse. Me alegro de que ese niño sea ya consciente a tan temprana edad del vicio del escribidor, sin embargo creo que alguien le debería de prevenir de la dificultad que lleva consigo dicha pasión. Dos dificultades; la de conseguir contar lo que se quiere contar de una manera honesta con uno mismo y la dificultad de lograr que a alguien le interese lo que tienes que contar, conseguir editor y público. En la entrevista se veía a un niño que ya se sentía escritor, sólo espero que dentro de unos años no se sienta absolutamente frustrado intentando lograr algo que un día le dejaron rozar con los dedos.