Octubre es el mes de los premios literarios (incluido el Premio). A principios de este mes le dieron a Javier Cercas el Nacional de Narrativa por su obra Anatomía de un instante. Un estupendo libro en el que Cercas nos cuenta lo sucedido el 23 de febrero de 1981 centrándose en tres figuras claves de la transición española, protagonistas de aquella jornada y que se negaron a tirarse al suelo cuando el del tricornio con mostacho lo ordenó a tiros. Los tres héroes de Cercas son: Gutiérrez Mellado, Suárez y Carrillo. A lo largo de la “novela” desglosa la vida y milagros del trío hacedor de la democracia española y de los sucesos, confabulaciones y conspiraciones judeo-masónicas, franquistas- falangistas o rojo-stalinistas que confluyeron en aquel histórico instante. ¡Qué se sienten, coño! Me parece un buen libro: interesante, riguroso y, en algunos aspectos, esclarecedor de lo ocurrido. Sin embargo, no me parece una novela. Lo siento, no es una novela. Se trata de un ensayo, de una investigación periodística o, si se quiere, de una crónica de aquel suceso. Creo que se merece un premio, sin duda, pero hubiera sido más justo que le dieran el Nacional de Ensayo, en vez el de Narrativa. Es verdad que Cercas comienza Anatomía de un instante hablando sobre su idea de escribir una novela que transcurriera en aquellos días y que comprobando como la realidad supera, con creces, cualquier ficción se centró en contar lo sucedido. No hay un solo elemento de ficción en Anatomía de un instante, hay algo de suposición, pero nada inventado. Por otra parte, todas las novelas de Cercas, al menos las que yo he leído, parten de la misma premisa inicial, un instante recurrente: quiero escribir una novela, pero no encuentro el modo. Esto sucede en Soldados de Salamina, La velocidad de la luz y en la recién premiada Anatomía de un instante. En las dos primeras, el autor parte de una historia real para elaborar una ficción. En Anatomía de un instante esto no sucede. Por eso me extraña que le hayan concedido el Premio Nacional de Narrativa. Sin embargo, sea o no novela, recomiendo a cualquiera que lea Anatomía de un instante. Merece la pena.
sábado, 30 de octubre de 2010
jueves, 28 de octubre de 2010
OTRO PLANETA PRODIGIOSO
Existe otra versión para el Premio.
Uno está en casa. Probablemente desayunando o haciendo la habitual absorción anal de dos litros de agua y recibes una llamada de teléfono. Vas a ganar Mi Premio, dice Dios. No desparramas el café ni las tostadas, no te inmutas porque tú ya lo has ganado todo, hasta la medallita sueca cuelga reluciente sobre tu abdomen. No tengo tiempo, le respondes a Dios. Sin embargo, el Todo Poderoso, es terco y no se va a dar por vencido fácilmente. Él quiere que ganes su Premio y tú vas a ganar su Premio. No te hace falta tiempo, advierte. No tengo ideas, sigues replicando. No te hacen falta ideas. Yo las tengo todas. Te avisa Dios, que para eso es Dios. Cuando Él quiere que ganes el Premio, tú, simple mortal, por mucho que hayas entrado en el Olimpo de los Nóbeles, lo ganas. Yo te doy el manuscrito, te explica Dios, tú sólo firma y los dos nos hacemos más ricos. Así, a veces, actúa Dios.
Coincidiendo con el fallo del Premio Planeta de este año el juzgado de instrucción número dos de Barcelona ha admitido a trámite una querella por un delito contra la propiedad intelectual cometido por la editorial Planeta. Según parece, la novela La cruz de San Andrés de Camilo José Cela tiene tantas similitudes con la obra Carmen, Carmela, Carmiña de María del Carmen Formoso que todo parece indicar que se trata de un caso de plagio. Ambas novelas se presentaron a la edición del Premio Planeta de 1994, con la diferencia de que en el caso de María del Carmen Formoso la presentó un mes antes que Cela. Sea o no cierto el caso, en cuanto a plagios, prefiero la, supuesta, opción de Houellebecq.
domingo, 17 de octubre de 2010
EL PLANETA DE LOS PRODIGIOS
Uno está en su casa, probablemente tomando el café del desayuno y recibe una sorprendente llamada telefónica: Has ganado seiscientos un mil euros. Es para que se te caiga el café y las tostadas encima. Es para que des un grito de alegría tan potente que paralice el tráfico de la gran ciudad. Toses y te atragantas. Saltas y aúllas radiante. Das volteretas y ríes hasta que la mandíbula se te rompe de felicidad. ¿Cómo que he ganado seiscientos un mil euros? Preguntas incrédulo. Bueno, todavía no. Te explica una voz profunda, una voz que suena a Dios, desde el otro lado del teléfono. Te los daré el año que viene, cuando ganes la próxima convocatoria de Mi Premio con la novela que vas a presentar al Concurso. Se hace un silencio eterno mientras meditas la respuesta. Pero yo no pensaba presentarme a ningún concurso, replicas. No me hace falta. Sabes que acabas de pecar de soberbia. Ya sé que no nos hace falta ni a ti ni a Mí que ganes ningún premio, explica la voz de Dios, pero nunca vienen mal seiscientos un mil euros, ¿verdad? Asientes con la cabeza, la Voz tiene razón. Sin embargo, continúas replicando, no tengo ninguna novela en mente… Pues ya puedes empezar, te contesta Dios. Y en ese mismo momento dejas el café, las tostadas, reconstruyes tu mandíbula y te pones a escribir la novela de los seiscientos un mil euros, Dios te ha dado un año de plazo. Luego, cuando te den el Premio, buscarás una frase ingeniosa, de escritor, que justifique una sorpresa inexistente, algo parecido a: "por las noches soñaba que quedaba finalista del Planeta".
Eduardo Mendoza ha ganado el Premio Planeta. En el caso de Mendoza no se trata de un premio que abale su calidad literaria, ni que de un empujón a sus ventas. Al autor de La ciudad de los prodigios no le hacen falta ni abales ni ventas. Me alegro de que su economía vaya viento en popa y me alegro de poder leer una nueva novela suya dentro de unos días. Con Planeta o sin Planeta, con más o menos miles de euros en su cartera, Eduardo Mendoza es un excelente escritor, uno que sabe contar historias y del que los escribidores, los monos miméticos, tenemos mucho que aprender. En cuanto a Carmen Amoraga, finalista de esta edición del Planeta, desconocida para mí, me quedo con sus prodigiosas dotes proféticas, ella es la soñadora citada unas líneas más arriba. Grandes sueños.
sábado, 9 de octubre de 2010
A ZAVALITA LE HAN DADO UN PREMIO
Zavalita sigue allí, en la Catedral, tomando cervezas y arreglando el mundo. Alguien entra y le dispara la noticia, directamente al ego: te han dado el nobel, viejo. Y Zavalita se sorprende, no por el reconocimiento, sino por la tardanza. Zavalita finge que no se lo esperaba, pero todos en la Catedral saben que lo lleva deseando hace años, lustros, décadas, cien años esperándolo, desde que se lo dieron al bueno de Gabo, viejo compadre, con el que ya no se habla. Ahora Zavalita ya puede entrar en el selecto club, en el club de los laureados, de los triunfadores y no se da cuenta de que era más fácil llegar a mito sin el premio que con el premio, como sucede con otros muchos compatriotas de lengua. Sin embargo, Zavalita no quiere solamente la gloria eterna, quiere la fama y el reconocimiento en vida. Quiere que le llamen don Nobel, cuando salga por la puerta de la Catedral, tras invitar a un último trago a toda la parroquia, para no volver más. Buen viaje a los laureles, Zavalita, aquí nos quedamos Ambrosio y otros muchos, recordándote. Enhorabuena, Vargas Llosa, te mereces todos los premios.
jueves, 30 de septiembre de 2010
LA POSIBILIDAD DE UN PLAGIO
Cretino, imbécil, misógino, maleducado, canalla, histriónico, provocador, paranoico, superficial, cínico, cabrón e hijo de puta (dicho por su propia madre), son algunos de los insultos que Michel Houellebecq lleva prendidos a su pechera con confesable y exhibicionista orgullo nihilista. Desde hace unas semanas le han añadido uno más a esa larga y exagerada lista de improperios: plagiador. Estoy convencido de que al bueno de Michel no le importan lo más mínimo las continuas críticas a su obra, a su biografía, a su persona-lidad, incluso a su pene. Me da a mí que no es de los que dedica las mañanas de los domingos a recortar las reseñas que sobre sus obras hacen en los suplementos editoriales, me da a mí que realmente se la trae al pairo todo o casi todo en esta vida, empezando por su propia obra, me da a mí que sus novelas no son más que una terapia, un diván de psicoanalista no sólo gratuito, sino que beneficioso y, claro está, más beneficioso cuanto peor hablen de él. Insultadme, insultadme más, que me pone, me excita, escupidme hasta que llegue al orgasmo y mientras dejad que mi cuenta corriente crezca y crezca. Con su última novela La Carte et le Territoire ya tiene el éxito asegurado. Un nuevo escándalo de este enfant (ya madurito) de la literatura francesa. Le han acusado de plagiar párrafos enteros de la Wikipedia, dicen que hasta el título está pinchado, cortado y pegado de la Wiki-wiki. Puede que sea cierto, puede que simplemente se trate de un truco editorial para vender más, puede que todo sea un mal entendido o que Houellebecq tenga un “negro” que haya querido vengarse de su sueldo miserable. Sin embargo, todavía no alcanzo a comprender que fundamento tiene acusar a nadie de plagiar a la Wiki, universo intelectual donde todo es anónimo y donde el noventa por ciento de lo publicado es a su vez un refrito de otras publicaciones no reseñadas. ¿Y si el autor anónimo del artículo de la Wikipedia fue el propio Houellebecq? ¿Estaríamos, entonces, ante un caso de auto plagio? No lo sé. De todas maneras, como los escándalos, cuando producen dinero, nunca vienen solos el escritor italiano Fabio Filipuzzi ha decidido copiar a Houellebecq y ha sido acusado por la editorial que le publicaba, en la que trabajaba como subdirector, de plagiar sus últimos (y creo que únicos) seis libros. Claro que el italiano, más refinado que el galo, no copiaba de la Wikipedia, sino a gente tan anónima como Peter Handke o Philip Roth.
viernes, 24 de septiembre de 2010
SI BREVE DOS VECES BUENO
En el último número de Babelia, el del día 18, Antonio Muñoz Molina nos habla de esto de escribir. Le sirve de escusa su participación en la presentación del último ensayo del director de la RAE (sillón c) Victor García de la Concha: Cinco novelas en clave simbólica. En este acto Muñoz Molina coincidió con Vargas Llosa quien era arte y parte del ensayo del Dire al ser objeto de descuartizamiento su famosa novela La Casa Verde. Creo que a mí me impactó más Conversación en la Catedral o La guerra del fin del mundo, pero Muñoz Molina declara en el artículo la deuda personal con esa novela. La casualidad, o no, hace que estos días yo esté leyendo a la vez un curioso libro de Muñoz Molina titulado Pura alegría (Alfaguara, 2008) en el que se recogen diversos artículos y conferencias, incluido el discurso de ingreso en la Academia (el de Úbeda ocupa el sillón u), que son una declaración de principios literarios y una explicación concisa, hermosa y perfecta de lo que él entiende que es y debería de ser la literatura. Y para colmo de casualidades y coincidencias, de destinos y azares, o no, hoy mismo, día 24, aparece el resumen de una conversación de Muñoz Molina con el historiador Justo Serna, en el que destaca el titular: Lo que se difunde como la historia de España es la historia de la señorita Pepis. Me parece perfecta la frase, me parece insuperable Muñoz Molina cuando es conciso. Claro que al lado del artículo citado hay una entrada web donde se lee: Muñoz Molina narra el drama del exilio en mil páginas. Mil páginas, una tras otra, una, dos, tres, hasta llegar a mil… Más que una tesis doctoral… Y sin embargo, qué bien escribe cuando no supera las cuatrocientas o quinientas páginas, qué buenas, qué placer leer Beatus Ille o Plenilunio o este último descubrimiento por mi parte, Pura alegría, tan placenteras como ese bourbon que bebe Biralbo en El invierno en Lisboa, en pequeñas dosis; sensacional.
viernes, 17 de septiembre de 2010
ARTEFACTOS LITERARIOS
Salinger murió hace unos meses y entonces ya sabíamos todos que a no tardar mucho comenzarían a aparecer novelas inacabadas, manuscritos inéditos, correspondencia privada y chascarrillos indiscretos del huidizo escritor. Eso es lo habitual. Sin embargo, una vez más la realidad supera, con creces, a la ficción y, como si se tratara de un relato escatológico de Palahniuk, un negocio de antigüedades de Carolina del Norte (USA) subastó este verano a través del eBay la taza del váter del padre putativo de Caulfield por la irrisoria cifra de un millón de dólares. El vendedor (evidentemente sin escrúpulos) lanza, cual cebo comercial, la idea de que muchas de las páginas escritas por Salinger tuvieron su origen, cuando no su fecundación en ese trono pulido y blanquecino. Además, acompaña al utensilio con una carta certificada de la viuda del Salinger, doña Johan Littlefield, en la que asegura que allí, en ese asiento, depositó su marido sus posaderas e ingenio. No creo que tengan mucho rigor los análisis críticos de ambos personajes, vendedor y viuda, pero resulta inevitable concluir que ambos consideran el arte del difunto una auténtica mierda y por consiguiente subastan por 766 mil euros (cambio a día de hoy) el váter de Salinger. Desconozco si alguien ha tenido el dudoso gusto y la dichosa fortuna de comprar un artefacto tan literario y lamento no tener yo en mi posesión un kleenex de Salinger o de Saramago o de cualquier otro fallecido reciente. Habrá que continuar atento al eBay para ver que otros artefactos literarios de vital importancia creativa aparecen próximamente.
miércoles, 18 de agosto de 2010
AUNQUE NO LO SEA
Algunos comparan a Horacio Quiroga con Edgar Allan Poe. Ambos revitalizaron el género del cuento en sus respectivas lenguas, ambos se sirvieron de lo terrible y horroroso para sus narraciones y ambos sintieron una irrefrenable atracción por las jovencitas muy jovencitas. Horacio Quiroga quedó huérfano a los pocos meses de nacer, mató por accidente a un buen amigo, su primera mujer se suicidó, se casó con la amiga de su hija y finalmente bebió un vaso de cianuro cuando un médico le comunicó que estaba enfermo de cáncer. Una vida dramática y accidentada que también guarda ciertas similitudes con el autor bostoniano. Esas son las semejanzas, el resto son argucias editoriales, puro marketing, y tonterías de algunos fanáticos de la literatura comparada. Los cuentos de Quiroga y Poe tienen la misma similitud que la encontrada en los relatos de Chejov y Carver, es decir: que los cuatro escritores son excepcionales. Nada más. Aunque Quiroga no sea Poe, no necesita serlo.
Igual que Poe, que Chejov y supongo que Carver, Quiroga dio algunos consejos para los escritores de relatos recopilados bajo el título: Decálogo para el perfecto cuentista. De esos diez consejos, que el propio autor no aplicó a su obra, me quedo con la mitad del octavo mandamiento quiroguiano: "Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto como una verdad absoluta, aunque no lo sea".
Igual que Poe, que Chejov y supongo que Carver, Quiroga dio algunos consejos para los escritores de relatos recopilados bajo el título: Decálogo para el perfecto cuentista. De esos diez consejos, que el propio autor no aplicó a su obra, me quedo con la mitad del octavo mandamiento quiroguiano: "Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto como una verdad absoluta, aunque no lo sea".
jueves, 5 de agosto de 2010
UN BUEN INÉDITO
Páginas de Espuma ha publicado un volumen con textos inéditos del escritor uruguayo Horacio Quiroga. Correspondencia y Diario de viaje a París son las dos partes en las que se divide el libro bajo el acertado título de Quiroga íntimo. Hablo de este libro por dos razones: en primer lugar porque me gustó Quiroga desde que leí algunos de sus relatos en una olvidada recopilación del cuento hispanoamericano, donde él ostenta con justicia el título de impulsor y renovador ; y en segundo lugar para dejar constancia de que no estoy en contra de la publicación de inéditos. La correspondencia de Horacio Quiroga y las dos libretas que constituyen el Diario de viaje a París (1900) han permanecido ocultas al lector de Quiroga hasta el día de hoy no por deseo del autor sino por azares de la vida (ahora te publico, ahora no puedo, ahora no sé dónde andan los manuscritos, ahora los encuentro). Todo lo que escribió Quiroga fue con la clara intención de ser publicado, incluso en sus diarios se encuentran los mismos artificios que utiliza para construir los cuentos y su correspondencia no es más que la extensión del personaje público que se esforzó en crear durante toda su vida. Erika Martínez, la responsable del volumen inédito, realiza un exhaustivo trabajo recopilatorio, manteniendo los originales tal cual, con incorrecciones gramaticales y ortográficas y con numerosas notas explicativas. Un trabajo bien hecho, con dedicación y apasionamiento, un trabajo en honor de uno de los grandes escritores hispanoamericanos de principios del siglo XX y no una mera edición lucrativa. La diferencia esencial estriba en la petición del autor, Nabokov, para que sus notas desaparecieran con él y la intención conocida de Quiroga para que toda su obra fuera publicada, pero no menos importante es la manera de publicar los inéditos, el buen gusto y la pulcritud, sin tomaduras de pelo. Evidentemente esta es mi opinión.
lunes, 19 de julio de 2010
LAS NOTAS DE NABOKOV
El propio Nabokov reconoció que estuvo a punto de convertir en cenizas el manuscrito de Lolita. Los biochismosos (autorizados y no autorizados) aseguran que fue su mujer, Vera, y no el escritor, quien salvo del incinerador el manuscrito de una de las mejores novelas del siglo XX. Esas mismas fuentes comentan que en 1977, poco antes de morir, Vladimir Nabokov pidió a Vera que destruyera las notas que tenía para el proyecto en el que estaba trabajando. Repito la palabra PROYECTO. Es importante. Un proyecto (Primer esquema o plan de cualquier trabajo que se hace a veces como prueba antes de darle la forma definitiva. DRAE) nunca es una obra terminada. Nabokov presintiendo su muerte y siendo como era un perfeccionista no quiso que sus notas (Apunte de algunas cosas o materias para extenderlas después o acordarse de ellas. Tomar nota. DRAE) cayeran en manos de algún editor desaprensivo dispuesto a ganar dinero a expensas de su propia calidad literaria. Vera no tuvo fuerzas para cumplir la petición de su marido y guardó en la caja fuerte las fichas donde Nabokov escribió los apuntes de aquel proyecto que nunca terminó. Son fichas con diálogos, situaciones, descripciones, mínimos bosquejos inconexos donde hasta los personajes van cambiando de nombre porque se trata de eso: de algo que lentamente tiene que tomar forma, algo sobre lo que se irá trabajando quizá durante años, algo incierto que puede que ni siquiera llegue a nada o que si concluye en obra literaria probablemente no tenga nada que ver con lo escrito en esas notas. Cualquiera que haya escrito un relato, una novela, una obra de teatro, un poema, un ensayo, un guión, la letra de una canción, cualquiera que haya escrito alguna vez en su vida sabe eso. Algunos editores no saben eso. Algunos hijos tampoco. Cuando se juntan ambos, cuando firman una alianza los editores sin escrúpulos y los herederos de apellidos (no parece que haya heredado otra cosa) con complejos freudianos surgen improperios literarios como El Original de Laura. En el mundo de habla inglesa lo ha publicado Knopf, donde han jugado a reproducir las fichas literalmente, para que el lector las pueda troquelar, mezclar, barajar y hacer su propia versión de la novela y jugar durante un rato a ser un Nabokov más. Aquí lo ha publicado Anagrama a la manera castellana, sin demasiados aspavientos, con una reproducción fotográfica de las fichas y su correspondiente traducción es suficiente. Para no perderse la introducción del hijo parricida, Dimitri, que sirve como alegato de su inocencia y su altruismo al querer compartir el tesoro de su caja fuerte con el resto de la humanidad. Lo que no llego a entender es porque no se ha respetado, al menos, el título que el propio autor dio a esas notas: Herramienta.
sábado, 10 de julio de 2010
UNA SEMANA DE 23 AÑOS
Hace 23 años Gijón estaba tomado por la banda de Max Thaler, el Susurro. Hombres sin escrúpulos que imponían su ley a base de balas y navajazos desde el puerto del Musel hasta el cerro de Santa Catalina. Eran tiempos duros y difíciles, tiempos oscuros, tiempos de lluvia intensa. Hace 23 años un valiente Agente de la Continental, camuflado bajo el nombre artístico de Paco Ignacio Taibo II, decidió sacar de las calles a los chicos del Susurro, Pete el Filandés o Lew Yard. Tuvo que saber imponerse al jefe de policía Noonan y a la seductora Dinah Brand. Fue duro, pero nuestro Agente de la Continental no desistió en el empeño. Aquella historia que comenzó con el cadáver de Donald Willsson sigue más fuerte que nunca desde hace más de dos décadas, marcando estilo, imponiendo su ley. Pocos recuerdan, hoy en día, que antes de Paco Ignacio Taibo II aquel territorio salvaje era conocido como Personville, las malas lenguas siempre le llamaron Poisonville. Hoy todos conocemos ese escenario con el nombre de la Semana Negra de Gijón. Una semana de diez días y veintitrés años. Enhorabuena.
martes, 22 de junio de 2010
LOS BUENOS NUNCA SE VAN SOLOS (II)
Los buenos nunca se van solos porque siempre se llevan un pedacito de todos nosotros y a veces, para colmo, sucede que la muerte se los lleva a pares y ese pedacito se convierte en un buen trozo. Esto es lo que ha sucedido este fin de semana; primero se marchó Saramago y unas horas más tarde Carlos Monsiváis.
Monsiváis decía que era un gato sin la elegancia ni las siete vidas de los gatos. Siempre estuvo rodeado de gatos, aunque le prohibieran el contacto con ellos debido a la afección pulmonar que al final le robó la única vida que tenía. En México todo el mundo le conocía. Salía en la televisión, en la radio, escribía en los periódicos, se metía en todas las salsas y, como los gatos, curioseaba, criticaba y opinaba sin importarle las consecuencias. En una entrevista afirmó que había talentos que le habían sido negados; uno de ellos es el necesario para llegar a la Presidencia de la República y, otro mayor, mucho mayor, el que se precisa para ser poeta. No fue poeta, eso se lo dejó a su amigo José Emilio Pacheco, ni fue Presidente de la República, eso le habría anulado su capacidad crítica. Yo he leído poco de Monsiváis, un puñado de artículos, recuerdo dos especialmente; uno sobre el impacto de los atentados del 11-S en la sociedad mejicana y el segundo sobre la obra de Juan Rulfo. Es poco lo que he leído de Monsiváis para lo extenso de su obra. Especiales ganas tengo de hincarle el diente a su novela Nuevo catecismo para indios remisos, novela de la que Sergio Pitol comenta en El mago de Viena: libro excéntrico entre los excéntricos, es también uno de los más perfectos con que cuenta la literatura mexicana. Y yo de Pitol me fío. Supongo que ahora, con su muerte, editoriales y librerías se apresurarán a reeditar lo escrito y no escrito del autor mejicano y tendré la oportunidad de disfrutarlo plenamente. Así funcionan las cosas, siempre con la muerte de por medio.
LOS BUENOS NUNCA SE VAN SOLOS (I)
Pero la imagen que no me abandona en esta hora de melancolía es la del viejo que avanza bajo la lluvia, obstinado, silencioso, como quien cumple un destino que no podrá modificar. A no ser la muerte. Este viejo, que casi toco con la mano, no sabe cómo va a morir. Todavía no sabe que pocos días antes de su último día tendrá el presentimiento de que ha llegado el fin, e irá, de árbol en árbol de su huerto, abrazando los troncos, despidiéndose de ellos, de las sombras amigas, de los frutos que no volverá a comer. Porque habrá llegado la gran sombra, mientras la memoria no lo resucite en el camino inundado o bajo el cielo cóncavo y la eterna interrogación de los astros. ¿Qué palabra dirá entonces?
Tú estabas, abuela, sentada en la puerta de tu casa, abierta ante la noche estrellada e inmensa, ante el cielo del que nada sabías y por donde nunca viajarías, ante el silencio de los campos y de los árboles encantados, y dijiste, con la serenidad de tus noventa años y el fuego de una adolescencia nunca perdida: << El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir >>. Así mismo. Yo estaba allí.
Así mismo contó José Saramago en el libro Las pequeñas memorias y en el discurso que pronunció al recibir el Premio Nobel, la manera en la que sus abuelos maternos afrontaron la muerte, con estoicismo y tristeza, no por irse, sino por dejar las cosas buenas de este mundo, porque, al fin y al cabo, a pesar de todo, el mundo es tan bonito… No sé cuales habrán sido las últimas palabras de Saramago, habrán quedado en los oídos de Pilar, su mujer, pero imagino que le habría gustado abrazar, uno a uno, a todos los árboles que por su vida pasaron.
Tú estabas, abuela, sentada en la puerta de tu casa, abierta ante la noche estrellada e inmensa, ante el cielo del que nada sabías y por donde nunca viajarías, ante el silencio de los campos y de los árboles encantados, y dijiste, con la serenidad de tus noventa años y el fuego de una adolescencia nunca perdida: << El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir >>. Así mismo. Yo estaba allí.
Así mismo contó José Saramago en el libro Las pequeñas memorias y en el discurso que pronunció al recibir el Premio Nobel, la manera en la que sus abuelos maternos afrontaron la muerte, con estoicismo y tristeza, no por irse, sino por dejar las cosas buenas de este mundo, porque, al fin y al cabo, a pesar de todo, el mundo es tan bonito… No sé cuales habrán sido las últimas palabras de Saramago, habrán quedado en los oídos de Pilar, su mujer, pero imagino que le habría gustado abrazar, uno a uno, a todos los árboles que por su vida pasaron.
miércoles, 16 de junio de 2010
EL DÍA DE LEOPOLD
Soy uno de esos lectores del Ulises de Joyce que jamás han leído la novela. Yo lo intento, que conste. Majestuoso, el orondo Buck Mulligan llegó por el hueco de la escalera, portando un cuenco lleno de espuma sobre el que un espejo y una navaja de afeitar se cruzaban. Y sigo avanzando, con ganas, con ilusión… Sin embargo, nunca he pasado de la segunda página. Podría hacer un esfuerzo mayor y llegar hasta la página veinte, hasta la treinta, podría, incluso, llegar hasta el capitulo sexto entorno al cual gira Vila-Matas en su última novela (Dublinesca). No puedo. Y no se trata de pereza, se trata de saber que no ha llegado el momento, se trata de reservarlo en la estantería y esperar a que llegue ese día en el que las neuronas y los ojos me pidan zambullirme en la historia de Leopold Bloom y el Dublín de Joyce. No busco en la novela encontrar una metáfora sobre la existencia humana, no busco ninguna de las múltiples interpretaciones de las que hablan los críticos (Francisco García Tortosa, en la edición de Cátedra, dedica nada más y nada menos que 189 páginas a desentrañar sus misterios), simplemente pretendo leer una historia de personajes que transcurre en el Dublín de principios del siglo XX. Para lograrlo no necesito ninguna guía de lectura, ni tan siquiera la de Nabokov (también la menciona Vila-Matas en Dublinesca). Para lograrlo necesito que llegue mi momento y mientras llega nada me impide seguir considerándome un lector más de los millones que hay que no han podido con ella.
Hoy día 16 de junio se celebra en Dublín el Bloomsday para conmemorar el día en el que transcurre la novela de Joyce; el 16 de junio de 1904. Hoy miles de nolectores y también de lectores (los hay) del Ulises recorrerán las calles de Dublín bebiendo y recitando pasajes de la obra. Me sumo desde aquí a la celebración brindando con una pinta de Guinness a la salud de Leopold Bloom seguro como estoy de que un día de estos, cuando menos lo espere, llegará esa necesidad irrefrenable de adentrarme sin complejos en los callejones de Dublín.
Hoy día 16 de junio se celebra en Dublín el Bloomsday para conmemorar el día en el que transcurre la novela de Joyce; el 16 de junio de 1904. Hoy miles de nolectores y también de lectores (los hay) del Ulises recorrerán las calles de Dublín bebiendo y recitando pasajes de la obra. Me sumo desde aquí a la celebración brindando con una pinta de Guinness a la salud de Leopold Bloom seguro como estoy de que un día de estos, cuando menos lo espere, llegará esa necesidad irrefrenable de adentrarme sin complejos en los callejones de Dublín.
domingo, 6 de junio de 2010
600 COITOS
Chuck Palahniuk ha estado en Madrid con motivo del supra-acto-cultural-comercial de La Feria del Libro. Ha venido a presentar su última novela: Snuff. En esta ocasión Palahniuk cuenta la historia de una actriz porno dispuesta a superar el record filmado y documentado de Annabel Chong, recogido en el documental Sex: the Annabel Chong story (1999), consistente en 251 coitos de manera consecutiva con hombres diferentes. La protagonista de Chuck Palahniuk pretende llegar ni más ni menos que a la cifra de 600 polvos del tirón. El discípulo de Tom Spanbauer no ha montado ninguno de los numeritos publicitarios con los que escandaliza a sus pudorosos compatriotas y es una pena, porque si sus novelas (aunque a veces flojeen en lo meramente literario) son provocaciones nihilistas, él asegura que no es nihilista, sino un romántico mal entendido (como todos los románticos o como todos los nihilistas), las presentaciones de sus libros no se quedan cortas en cuanto a provocación y horterada de mal gusto (divertidas también). En el caso de Snuff llenó las calles de varias ciudades norteamericanas con muñecas hinchables, todas ellas dispuestas a superar el record propuesto en la novela. Sin embargo, tuvo mayor repercusión y condena cuando en la presentación de la novela Fantasmas, al leer el relato Guts (Tripas), la mitad de los asistentes se desmayaron impresionados y asqueados. Dicen las malas lenguas que los desmayados eran actores pagados por la editorial… ¿Y eso importa? Yo conozco a más de una persona que aún no se ha recuperado de la lectura del truculento y escatológico relato, ¿verdad? Lástima que aquí, en Madrid, Palahniuk no haya querido montar ningún numerito, será porque los europeos somos menos mojigatos que los yankees, ¿o no?
lunes, 31 de mayo de 2010
NO DEJARSE MORIR
El 24 de marzo de 1977 escribió Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, un día después desapareció en al avenida San Juan de Buenos Aires. Nunca más se le ha vuelto a ver. Parece ser que los últimos en saber de él fueron los de la Escuela Mecánica de la Armada, pero esos sufren de amnesia crónica y no sueltan prenda. Algunos dicen que se defendió a tiros, que resistió hasta quedarse sin balas. Otros cuentan que usó la pastilla de cianuro que llevaba en su bolsillo desde los tiempos de militancia en Montoneros. Claro que los hay que afirman que se fugó a Brasil, donde camufló su identidad y acabó cansándose con una carioca. No necesitamos saber los detalles de su desaparición, los intuimos; en poco se diferenciará de lo sucedido a todos los que pasaron por la ESMA.
Rodolfo Walsh fue periodista, autor teatral y escritor de relatos. Destacan sus cuentos policíacos y sus investigaciones periodísticas. En el libro Operación Masacre desmantela la trama política de los fusilamientos de José León Suárez, ocurridos en Buenos Aires en 1956. Esta denuncia le acarreó numerosos enemigos políticos y militares, especialmente militares y todos sabemos que los militares acostumbran a no olvidar, salvo cuando se trata de desaparecidos.
Sobre su faceta de escritor él mismo dijo: Soy lento; he tardado quince años en pasar del mero macionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración del texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez. Un gran consejo para los escribidores.
Juan Gelman afirmó sobre Walsh: su obra respira y late como un animal que aprendió a no dejarse morir.
La editorial Veintisiete Letras ha publicado esta primavera sus cuentos completos. Cuatro decenas de relatos entre los que destacan: Variaciones en rojo y Los oficios terrestres. Es una buena oportunidad para leer a Walsh y, así, no dejarle morir.
jueves, 13 de mayo de 2010
BAJO EL INFLUJO DE JON
Acaba de llegar a las librerías el último libro de Jon Bilbao: Bajo el influjo del cometa. A Jon le conocí en Madrid en las charlas de la ACE y en las cañas que nos tomábamos después. Compartimos espacio en el libro Ficciones (EDAF), cada cual con sus relatos. Siempre me acordaré de la estupenda lectura, previa a su publicación, que Jon hizo en la ACE de aquel inquietante relato titulado Amenaza exterior ( Ficciones, EDAF). Después de aquel libro la carrera literaria de Jon ha sido imparable y estimulante. Destacar la novela El hermano de las moscas (Salto de Página) y Como una historia de terror (Salto de Página), una colección de relatos que obtuvo el Premio Ojo Crítico de Narrativa en el año 2008. Ahora aparece una nueva colección de relatos con el título Bajo el influjo del cometa. Unos relatos que prometen, como todo lo escrito por Jon Bilbao, una buena dosis de inquietud y desasosiego que nos permitirá dormir, sin duda, pero que dejará un poso de incertidumbre irremediable en nuestras neuronas. Me atrevo a pronosticar, juego sobre seguro, que Jon será uno de los nombres imprescindibles dentro de muy poco tiempo. Aseguro, sin objetividad alguna porque la lectura siempre es subjetiva, que Jon es ya uno de los grandes autores españoles de ese género que algunos se atreven a calificar de menor que es el relato. A Jon le debo, alguna caña, creo, y le debo, también, conocer a Cormac McCarthy cuando me recomendó leer Meridiano de sangre antes de que el autor de Rhode Island fuera llevado al cine por los hermanos Cohen o le dieran el premio Pulitzer. Gracias Jon, por tus lecturas prestadas y por seguir escribiendo.
viernes, 7 de mayo de 2010
DOS EN EL ESCENARIO
En el Festival SOS de Murcia, celebrado el pasado fin de semana, aparecieron compartiendo escenario junto a Madness, Franz Ferdinand o Los Planetas dos tipejos estrafalarios, excéntricos e inadaptados: Fernando Arrabal y Michel Houellebecq. No son rockeros, pero podrían haberlo sido. Arrabal es divertido, surrealista, pánico, patafísico, amoral y transgresor. Su principio fundamental es ir en contra de todos los principios y de toda moral establecida, además es un exhibicionista cultural y físico; Arrabal es un digno representante del punk. Apareció en el escenario montado en un trono y llevado en procesión como si de un santo, una virgen o un hijo de Dios se tratara. Nada que envidiar a los montajes escénicos de Alice Cooper (ya sé que Alice Cooper no es punk, pero Arrabal sí). Su amigo, Michel Houellebecq, es menos histriónico, más calladito, más introvertido, pero mucho más demoledor. Su sonrisa ingenua o cínica (nunca he sabido si fuerza o no la mueca) encierra una mala leche incontenible, un impulso irresistible por despedazar a todo lo que le rodea, principalmente su propio reflejo. Michel Houellebecq encarna a ese rockero oscuro con tendencia a la autodestrucción, a lo Jim Morrison, a lo Nick Cave o a lo Lou Reed de The Raven.
Esta iniciativa del Festival SOS de Murcia podrían imitarla otros festivales de los muchos que proliferan con el buen tiempo por toda la geografía española. Me parece estimulante que los lazos existentes entre las diferentes representaciones artísticas tengan continuidad en actos tan multitudinarios como son los festivales de música. Organizadores del Azkena, ¿por qué no incluís en el cartel de este año a Panero o a Welsh?
Esta iniciativa del Festival SOS de Murcia podrían imitarla otros festivales de los muchos que proliferan con el buen tiempo por toda la geografía española. Me parece estimulante que los lazos existentes entre las diferentes representaciones artísticas tengan continuidad en actos tan multitudinarios como son los festivales de música. Organizadores del Azkena, ¿por qué no incluís en el cartel de este año a Panero o a Welsh?
domingo, 2 de mayo de 2010
EL DÍA DE LAS LIBRERÍAS
El día del libro...No creo que sea el nombre más adecuado para lo que se celebró hace unos días. Yo le llamaría el día las librerías puesto que no se celebra el libro en sí, sino la venta del libro y esto, la venta, se realiza en las librerías. En el día de las librerías los libros se sacan a la calle para que todos veamos que es verdad que los libros existen, no son un objeto tan extraño e incluso un día al año merecen ser sacados a la luz. En el día de las librerías las editoriales se forran, las librerías se forran, algún escritor gana un poco de dinero, las floristerías (especialmente en Cataluña) se forran y algunos incautos caemos en la trampa del 10% y compramos un par de libros. Eso es lo que sucede en el día de las librerías. Eso y que las ventas siguen estando lideradas por los mismos de todos los días: Larsson, Pérez -Reverte, Moccia, María Dueñas, Matilde Asensi y las ediciones de bolsillo de todo tipo que, a precio de ganga, arrasan en el día de las librerías. Este año se han sumado al fenómeno top-ten de ventas todas las novelas del bueno de Miguel Delibes; ya se sabe que no hay como morirse para arrasar en ventas en este país. Por cierto, no he visto en estos puestos callejeros de venta ambulante de libros ni un ejemplar de ninguna de las obras de José Emilio Pacheco y es extraño porque no sé si alguien se ha acordado que en este día del libro o de las librerías o de Miguel de Cervantes, además del negocio, se celebra la entrega del Premio Cervantes. ¿O no?
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lunes, 26 de abril de 2010
UNA MUJER EN LA GUERRA DE ESPAÑA
Fue mujer, madre, escritora, periodista, feminista, cosmopolita, idealista y esposa de un capitán de aviación de la República. Por todos estos motivos fue encarcelada y represaliada desde el primer día de la guerra civil española. Se llamaba Carlota O'neill. Su marido, Virgilio Leret, había sido destinado ese verano a la base de hidroaviones de Atalayón, en Melilla. Ella decidió pasar el verano, con sus hijas, junto aVirgilio. Le gustaba la idea de vivir una temporada en un barco. La noche del 17 al 18 de julio los rebeldes se sublevan tomando Melilla. Virgilio Leret permanece fiel a la República y esa misma noche es fusilado. Carlota comienza a escribir, esa noche, una crónica, trabajaba como periodista, sobre los sucesos que estaba viviendo en primera persona. Probablemente fuera la primera crónica sobre la Guerra Civil puesto que la noticia del golpe de estado aún no había llegado a la Península. Esa crónica, encontrada por los falangistas cuando la detuvieron, le costó un Consejo de Guerra. Luego vendría otro. Su suegro, el coronel franquista Leret Úbeda, nunca intercedió por ella, todo lo contrario; la acusaba directamente de haber influido de manera perniciosa en su hijo convirtiéndole en ateo y rojo. Permaneció seis años encarcelada y separada de sus dos hijas. En 1941 es puesta en libertad y consigue recuperar la custodia de sus hijas. Sobrevive a duras penas escribiendo novelitas románticas o policiacas bajo pseudónimo. En 1951 consigue salir de la España franquista y emigra a Venezuela. En su maleta lleva unas “notas para una novela policiaca y de aventuras” que no son sino el boceto de la crónica de los años que pasó en la cárcel. Esas memorias vieron la luz por primera vez en 1962 en México con el título: Una mujer en la guerra de España. También escribió Romanza en rejas, un libro de poemas escritos durante sus años de cautiverio y el libro Los muertos también hablan donde relata los años de represión franquista.
Todo esto lo contaron su hija Carlota Leret O´neill y la profesora Raquel Osborne Verdugo en el seminario Memoria y sexualidad de las mujeres bajo el franquismo organizado por la UNED y el Museo Reina Sofia que se celebró en Madrid entre los días 5 y 11 de este mes de abril.
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