miércoles, 1 de mayo de 2013

MURAKAMI TOCANDO A LISZT



Que Murakami, pesado y constante, haya sacado un nuevo libro no es noticia, nos tiene acostumbrados a un par de libros o un par de trilogías al año. Que Murakami arrase en su Japón natal donde legiones de fanáticos disfrazados de muñecos de peluche  ansían las narraciones onanísticas de su genio literario con las mismas ganas que esperan el último número de Once Piece tampoco es noticia. La noticia está en que esta última novela del autor nipón haya conseguido terminar con las existencias en las casas de discos de las obras de Franz Liszt, especialmente con las suites para piano recogidas bajo el título Années de Pèlerinage. Repito: agotados en Japón los discos que recogen las obras del compositor húngaro Franz Liszt. Y es que cuando los japoneses se obsesionan con algo no hay quien les detenga, arrasan con ello (véase las ballenas, por ejemplo). Haruki Murakami no solo toma prestado del compositor húngaro el título El descolorido Tsukuru Tazaki y sus años de peregrinación, sino que a lo largo de sus páginas desmenuza hasta la extenuación las partituras interpretadas por Lazar Berman, pianista ruso, en una grabación de 1977. ¿Merecerá la pena esta nueva novela de Murakami? Me temo que será más de lo mismo: un adulto cuarentón que en plena crisis existencial recordará su adolescencia atribulada, o una infancia difícil por no tener un nombre con significado cromático, esos temores e incertidumbres que nos asaltan según vamos comprendiendo en qué consiste esto de vivir; el despertar de la sexualidad, con especial atención a la masturbación; alguna jovencita introvertida o extrovertida; lecturas; planes rotos; y una banda sonora que sirve para dotar de melancolía al relato, en este caso Franz Liszt. Murakami es de esos escritores que sostienen que uno debe de escribir sobre aquello que conoce y por eso escribe sobre sí mismo una y otra vez. O puede que sea todo lo contrario; que escriba sobre sí mismo para ver si consigue comprenderse y encontrarse de una santa vez. Cualquiera de las dos opciones es válida, incluso habitual y por supuesto recurrente, el problema es que sus lectores ya le conocemos lo suficiente, porque con Liszt o con los Beatles, Haruki Murakami se repite. Y no, no he leído aún esta nueva novela y sí, lo haré, pero me temo que será más de lo mismo. Eso sí, al menos, hay que agradecerle que nos haga recordar las partituras de ese genio, tan alejado de los gustos japoneses, como fue Franz Liszt.

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