miércoles, 10 de abril de 2013

SAMPEDRO, SIN PUBLICIDAD



Se fue sin aspavientos, con tranquilidad. Pidió a la familia, a su mujer Olga, que no se diera a conocer su muerte hasta que le hubieran convertido en cenizas, pidió morir con los suyos, sin circos mediáticos. Ahora, desde ayer, abundan los panegíricos y los halagos, se los merece todos y todos se quedan cortos. No diré que le conocí, pero pasé una tarde disfrutando de una charla con él. Me reí mucho, me enseñó más. Podría, debería, escribirse un libro entero y no solo una modesta entrada de blog dedicado a su persona, a su obra y a sus reflexiones, pero eso sería contrariar su voluntad de que le dejaran en paz. Sin embargo, no puedo evitar recoger aquí unas palabras suyas de ese maravilloso libro-conferencia que escribió junto a Olga, Escribir es vivir, unas palabras que a mi parecer resumen su filosofía vital e intelectual:

No sé qué decir. Sencillamente.
(Breve pausa)
No vengo aquí a hacer exhibicionismo personal ni publicidad de la obra. Vengo esencialmente a dos cosas. Una de ellas es la misma que me mueve a escribir: la de descubrirme a mí mismo para descubrir a otros y para encontrarnos todos, para vivir más. Es lo que trataré de demostrar a lo largo de estos días. Y para ello utilizaré mi propia vida porque, tal como les explicaré, no es posible establecer barreras entre la vida y la obra de un escritor sincero.

No tengo más que añadir: “No sé qué decir. Sencillamente.” Gracias, Sampedro.

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