lunes, 27 de junio de 2011

EL GLUTAMATO DE GEORGE R.R. MARTIN


El secreto está en el glutamato, en el E-621. Los japoneses lo llaman umami, el quinto sabor, ni dulce, ni salado, ni amargo, ni agrio, otra cosa, más allá: sabroso. Añadido a ciertos alimentos funciona como un potenciador del sabor y hace que comas y comas y comas..., hasta reventar. Funciona como las buenas drogas; siempre quieres más. ¿Otro tirito? Pues claro. Y el señor George R.R. Martin, que de esto de la gastronomía (solo hay que ver la foto) y de telenovelas sabe un huevo, se ha montado un laboratorio clandestino en los sótanos de su casita de madera yankee donde prepara su exitosa receta al más puro estilo coca-cola. Los ingredientes básicos: sexo, violencia, vanidad, sexo y más sexo (sin olvidar el incesto); los ingredientes de toda la vida a la hora de elaborar un buen betseller. Luego, como a él le va el rollo Tolkien (solo hay que mirar la foto para ver que se trata de un Bolson entrado en carnes) lo ha ambientado todo en un mundo de fantasía medieval a punto de sufrir una glaciación. Claro que Martin no es Tolkien, menos mal. El autor de El Señor de los Anillos I, II y III y otros hobbits era un lingüista y los lingüistas, como cualquiera sabe, son unos pelmazos insoportables. Así que George nos ha evitado las disquisiciones antropológicas sobre el estructuralmente intachable lenguaje élfico y las cientos de páginas dedicadas a la descripción de unos maravillosos paisajes más propios de una guía de National Geographic que de una novela para centrarse en lo verdaderamente importante: la violencia, el sexo y… más sexo (sí, incesto también) y algo más de violencia, por si te sabe a poco. Tampoco hay hobbits en la saga de Canción de Hielo y Fuego, aunque si hay un enano, ni orcos, ni trolls ni los jodidamente perfectos elfos (especialmente Liv Tyler). Hay unos lobos gigantescos y una especie de zombies a lo Jack Finney y una trama a lo Peckinpah, donde no hay protagonistas indiscutibles porque sabes, lo adivinas pronto, que todos, tarde o temprano, van a morir. Por lo demás todo bastante normal, ya digo: sexo, violencia y más sexo (¿repito lo del incesto?). Esos son los ingredientes de George R.R. Martin, los de toda la vida. ¿Y por qué funciona tan bien? ¿Por qué los de HBO han decidido hacer una serie? ¿Por qué los libros se agotan incluso antes de llegar a las librerías? ¿Por qué aunque no te guste el género (a mí personalmente no me gusta) te engancha igualito que la merca del Manolo? ¿Por qué aunque veas que la saga va para siete entregas a una media cada una de 800 páginas no te desanimas y dices: dame más, dame más, dame más? Pues por el glutamato, el puñetero E-621, que será cancerígeno, seguro, pero qué rico está.

3 comentarios:

  1. Me gusta tu blog.
    He llegado aquí buscando opiniones sobre Martin...
    A mí no me gusta el género, me daba vergüenza leer libros así...
    Pero me he enganchado. Me parece una obra maestra.
    Pero si alguien me ve leyendo el libro, lo guardo y digo: Nah..., estoy leyendo..., a Sergio Pitol, por poner un caso.
    Así que gracias por aclararme que todo es culpa del glutamato.

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  2. Gracias por llegar hasta aquí. Y no te de apuro leer a Martin, hay quien lee cosas peores. solo hace falta darte una vuelta en el metro para comprobarlo, aunque lo oculten en un aséptico e-book.

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